
El taller se llamaba “Making Space with TRIZ”.
Clara pensó que, por fin, alguien iba a mover las mesas para hacer espacio real.
Tenía razón: lo primero que hicieron fue reacomodar las sillas en círculo. Después, votaron el nombre del subgrupo encargado de documentar el proceso de reacomodo.
La consigna era simple:
“Hagamos una lista de todo lo necesario para lograr el peor resultado posible.”
Risas, marcadores, papelógrafos.
Un técnico propuso: “Duplicar los informes, triplicar las reuniones y enviar correos sin asunto.”
Aplausos.
Alguien anotó: “Asegurarse de que nadie lea las actas, pero que todos las firmen.”
Ovación.
TRIZ, decía el facilitador, era destrucción creativa.
Clara lo entendió enseguida: estaban destruyendo la creatividad con método.









