Altos de Campana

Otro día por el Parque Nacional Altos de Campana. Día encapotado que nos ayudó a caminar por los senderos hacia el alto. Arriba y abajo en medio de un bosque que era selva. Verdes de diferentes tonos. Subiendo y bajando colinas. Una senda, un sendero, que a veces una baranda acompañaba o nos engañaba como a saltimbanquis o payasos en un circo. La baranda por un sitio y nosotr@s por el contrario. Y arriba, unas fotos de los colegas y del paisaje, a vuelo de pájaro, y ya. Vuelta a bajar.

Un paisaje majestuoso con la Bahía Chame al fondo.

Y de vuelta cruzamos a unos presuntos quintillizos y a nacionales de origen asiático

Y vuelta a casa con las violetas. Sabía que nadie llamaría, pero quizás me daba igual (o no). Por nada y por todo. Y porque hoy era un día para escuchar sus canciones (y muchas otras)

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Camino de cruces

Caminamos de mañana, que no de buena mañana (la diferencia en kilos de sol y calor), saliendo desde Papaya y enfilando una entrada imposible, embarrada y candada. Por ahí no pasan bicis, pero tampoco personas. Pero al final pasamos. Nos metimos por un sendero, senderito rodeado de vegetación. El camino de Cruces.

Encontré animales por primera vez, salté riachuelos sin llegarme a caer (por poco). Me dijeron que a veces era mejor caerse que apoyarse en los árboles, por lo que pudiera haber. Paneles explicando el origen de ese camino. Camino de los primeros exploradores entre Colón (Caribe) y Panamá (Pacífico)

Llegamos y torcimos por el camino de las antenas, utilizado para las bicis. Y continuamos por la carretera de la floresta. Una autopista abandonada a la selva, que de tanto en tanto limpian, pero sin conseguir abrir sus aceras.

El último tramo también entre vegetación, un poco más abierto, pero no sencillo por las últimas lluvias. Me dice que por ahí pasan bicis…

Y llegamos a esa esquina por la que yo paso cada día. Ya sé lo que hay al otro lado, ya lo sabré, no solo ranas. También serpientes, tucanes, dormilones, bicicletas y viandantes.

El Camino Real de Cruces fue una de las rutas históricas del istmo de Panamá que conectaron el Mar Caribe con el Océano Pacífico durante la época colonial.

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Cerro Ancón

Me recogieron en casa y fuimos directos al cerro Ancón. Ése era el deseo, aunque nos perdimos antes de llegar. Llegamos a la puerta y nos mandaron para atrás. Aparcad abajo. Dejamos el coche y subimos atajando por unas escaleras comidas por el paso del tiempo y la naturaleza. Escaleras llenas de musgo y vacías de su sentido original. Escaleras que, de tanto en tanto, no subían a ninguna parte.

La subida no era suave pero era manejable. Íbamos hablando y el tiempo se hizo corto. Llegamos a la cima del cerro Ancón. Lleno de gentes del lugar con niños y niñas. Buscadores de pájaros y una familia con un conejo tranquilo (o miedoso) como mascota. Ah, y también vimos un dormilón. Un dormilón dormido en la cima de un árbol, a más de siete metros de altura. Dormir sin morir.

Luego rumbo a Amador. Hace poco se unió ese saliente con las (ex) islas Naos, Perico y Flamenco. Las familias aprovechan cualquier día vacacional para acercarse a estos lugares, a montar en bici, pasear y comer. Comimos bien en una cubichería en la isla Naos. Un día de sol, sin excesiva humedad. Un día de charla, de recrear y de recordar.

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Temblor

Decisiones aplazadas, momentos que vienen y se van, momentos

El sonido de fondo de siempre (o habitual) en la profesión de los vendedores de crece-pelo

Despedida a la francesa a Belmondo ese magnífico as de ases (¿cómo hubiera sido en nuestro país?)

Pasamos otra página de la historia, el tiempo avanza sin piedad, para tod@s

Una persona sufre un accidente doméstico, una caída por ejemplo, y adiós

Un negacionista contrae el COVID y se arrepiente, pero muere

Marlon Brando vuelve y vuelve, y vuelve a ser actualidad

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Pon una fecha

De qué sirve hacer algo que gusta, si al cabo no se disfruta

De qué sirve vivir o mal vivir así

¿La vida debería ser eso?

Y mientras nos seguimos destruyendo

¿Y si en lugar de una queja se escriben una líneas?

Pon una fecha, un deadline y a mover el mundo

Y re-empezar poco a poco a contar, porque siempre hay algo que decir

No todo es ser un/a pasmarote, espectador o figurante

Si nos ponemos, con un poco de suerte…

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Acabar la carrera

Éramos felices y no lo sabíamos

Éramos felices, o al menos más felices que entonces, cuando ese entonces era «ahora»

Y como no lo sabíamos pensábamos en venganzas

Y pensábamos que nuestra venganza sería ser felices (lo dijo un cuadernista y yo lo retomo aquí)

Pero luego ese tipo de venganza no es algo tan fácil

Mientras el tiempo pasaba también (siempre) feliz, llevándose las vivencias, las notas, incluso  las hojas de calendario

Quizás no se trata de correr rápido, sino de acabar la carrera…

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Ensuciarse recorriendo caminos

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Ensuciarse recorriendo caminos

Culpar a los demás es una opción, pero no da para más…(hace tiempo que no da para más)

Es algo que quizás no esperábamos, tal cantidad de polvo hace mella

Cansarse, pararse, plantarse, plantearse el camino, la selección de la senda, si sí, si no, hubiera sido mejor elegir ese otro a la izquierda, o ese sendero que iba hacia la pradera, o pararse a descansar, a pensar.

Quizás tener ese cansancio tan total y esa capa de polvo ahora tan negra, es parte de todo esto, el sentido de este camino con un solo final, el sentido de caminar, de tener que decidir, el sentido de aceptar, de negar, de callar, de gritar, de acertar y equivocarse o todo un poco y a la vez, según vaya o según sea, porque los caminos son muchos y cualquiera podría ser bueno o malo, según nos dé o según el día.

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Estam@s llamad@s

A veces (pre)siento que hay silencio, ninguna voz o llamada del otro lado

Estoy llamad@, o me gustaría, no esperar nada (más) para (ll)amar

Quizás el secreto está en hacerse (presente en) el centro de nuestro universo

Para poder ocupar una posición, un lugar en el mundo, desde donde pasar

Y para poder darnos un respiro

Y para poder dar

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Nada, de Carmen Laforet

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Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado y no me esperaba nadie.

Era la primera vez que viajaba sola, pero no estaba asustada; por el contrario, me parecía una aventura agradable y excitante aquella profunda libertad en la noche. La sangre, después del viaje largo y cansado, me empezaba a circular en las piernas entumecidas y con una sonrisa de asombro miraba la gran estación de Francia y los grupos que se formaban entre las personas que estaban aguardando el expreso y los que llegábamos con tres horas de retraso.

El olor especial, el gran rumor de la gente, las luces siempre tristes, tenían para mí un gran encanto, ya que envolvía todas mis impresiones en la maravilla de haber llegado por fin a una ciudad grande, adorada en mis ensueños por desconocida. Empecé a seguir —una gota entre la corriente— el rumbo de la masa humana que, cargada de maletas, se volcaba en la salida. Mi equipaje era un maletón muy pesado —porque estaba casi lleno de libros— y lo llevaba yo misma con toda la fuerza de mi juventud y de mi ansiosa expectación.

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#diamundialdelapoesia sea como sea: A galopar a galopar

Rafael AlbertiPaco Ibáñez

Las tierras, las tierras, las tierras de España

las grandes, la sola desierta llanura

galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo

que la tierra es tuya

A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar (bis)

A corazón, suenan, suenan, resuenan

las tierras de España en las herraduras

galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo

que la tierra es tuya

A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar (bis)

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie

que es nadie la muerte si va en tu montura

galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo

que la tierra es tuya

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