Chéjov el relojero del alma

Si el alma fuera un reloj, Chéjov sería el relojero. Alguien que conoce perfectamente sus entrañas y que sabe cómo es cada una de sus piezas y cómo funcionan sus engranajes. Lo que hizo a lo largo de su vida fue estar metido dentro, contando lo que ocurre, cómo opera ese mecanismo y qué sucede con esas criaturas condenadas un día a morir y que, mientras tanto, se afanan en ir llenando el hueco de las horas.

Chéjov no fue solo escritor, sino también médico, así que al conocimiento de las tormentas espirituales añadía una fina percepción sobre la salud física. Nacido en 1860 en Taganrog, publicó su primer cuento cuando tenía 20 años. Desde entonces ya no paró hasta morir de tuberculosis, en 1904, en Badenweiler. Todos los cuentos y piezas cómicas que escribió hasta 1882 aparecieron firmados con seudónimo y solo a partir de 1883 utilizó su nombre. Publicó su primer libro en 1884: Cuentos de Melpómene. En el relato que Raymond Carver dedica a sus últimos días, Tres rosas amarillas, recoge un comentario que Chéjov hizo tras una visita de Tolstói. Puesto que no tenía “una visión de la vida”, tenía que conformarse con describir la forma en que sus personajes “aman, se desposan, procrean y mueren. Y cómo hablan”. Eso fue lo que hizo.

Chéjov, ese endemoniado y preciso relojero, supo dar cuenta de cada uno de los sutiles dilemas morales a los que se enfrentan los hombres, pero lo hizo atrapando las cosas que suceden en cada momento, las pequeñas y enormes calamidades, los júbilos y placeres. Vivía en Moscú cuando, en parte por las dificultades económicas de su familia, decidió enviar algunos de sus relatos a las revistas de entonces. Su prioridad era la medicina, pero no le venían mal los cinco kopecs que pagaban por cada línea. Por fin La libélula le aceptó una de sus piezas. Carta a un vecino erudito, el texto que abre este volumen, muestra las ínfulas de un viejo suboficial cosaco que le escribe a un científico que se ha instalado en el vecindario. “Si el hombre”, le dice, “procediera de un simio tonto e ignorante, tendría rabo y una voz salvaje”.

La brevedad, un punto de humor y salvar los escollos de la censura. Si Chéjov aceptaba esas reglas de juego tendría sus kopecs. Las aceptó. Una gran parte de los textos de sus primeros años tienen un aire juguetón, bromista, desenfadado. (1) Simula los ejercicios de una colegiala, (2) habla de los temperamentos, (3) parodia los anuncios de aquella época, (4) escribe las divagaciones ociosas de un cadete, (5) resume una vida a través de preguntas y exclamaciones. Desde el principio emergen ya esos personajes que tan bien supo trazar con dos pinceladas y, poco a poco, entre los pliegues de cada sonrisa se introduce una minúscula sacudida.

En 1882 quiso hacer una antología con sus mejores textos, pero aquel libro, Travesura, no llegó a publicarse nunca. Su título revela sus maneras de entonces. Poco a poco, sin embargo, fue haciéndole más sitio al dolor, a la tristeza, a la piedad. Flores tardías, de ese año, ya contiene el pulso firme de un maestro: (1) la decadencia de la familia de un príncipe, (2) el triunfo del descendiente de uno de sus siervos, (3) el hijo díscolo y la hija enamorada, y (4) una pasión que surge tarde y que resulta inútil. El joven Chéjov de este primer volumen de sus obras completas anuncia al que vendrá después. Es fácil reconocer ya las finas habilidades de ese relojero, que ajusta con precisión los engranajes para marcar con exactitud los temblores del tiempo que pasa.

Luego lo comentamos de JOSÉ ANDRÉS ROJO sobre “Antón Chéjov, el relojero”. El volumen con 240 piezas escritas entre 1880 y 1885, con decenas de inéditos en español, inicia la publicación de los cuentos completos del gran escritor ruso. Madrid 2 DIC 2013

 

Acerca de Carlos

Aunque crecí y trabajé en la gran ciudad, he vivido también en una zona rural y ahora en Addis (Ethiopia). Me gusta dar paseos por el campo y la montaña. Disfruto con mi familia, con la lectura y cuando me dejo llego a escribir algo. Me gustan los escritores que escriben sobre escritores o sobre el proceso de escribir o de ser, como Paul Auster, Enrique Vila-Matas. Pero también paso buenos ratos con policiacos, sagas y comedias. Soy Doctor Ingeniero Agrónomo y Master en Evaluación y trabajo en temas relacionados metodologías de intervención en cooperación y desarrollo. He tenidos experiencias en cooperación internacional para el desarrollo a nivel ONGD , instituciones y organismos regionales, estatales y Universidades. He sido voluntario, investigador y consultor independiente en temas de desarrollo. He trabajado en temas relacionados con la evaluación de políticas de desarrollo para el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación en Madrid. He trabajado en temas de Evaluación, aprendizaje e investigación como freelance (independiente). He trabajado cuatro años para FAO en Ethiopía en refuerzo de espacios de coordinación, seguimiento y evaluación para la resiliencia…ahora para UNICEF América Latina reforzando capacidades en evaluación y aprendizaje Tengo otro blog igual de raro: Aprendiendo a Aprender para el Desarrollo (TripleAD) https://triplead.blog/
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