Los libros que nos importan no son los que leemos, sino los que nos leen a nosotros

Lolita es la novela más conocida del escritor de origen ruso, nacionalizado estadounidense, Vladimir Nabokov publicada por primera vez en 1955. Trata sobre la obsesión sexual de un hombre de mediana edad por una niña de 12 años. No exenta de polémica, es considerada por muchos críticos y académicos como una obra maestra de la literatura universal contemporánea y un clásico moderno. El libro contiene diferentes niveles de lectura, desde el relato romántico y erótico hasta el retrato de una sociedad autocomplaciente, así como temas sobre la moral y la perversión psicopatológica.

El escritor Rafael Gumucio nos “define y cuenta sobre la novela según Lolita” en su Advertencia: leer mata: Lo que encontramos en ‘Lolita’ es lo que el personaje ve o cree ver: su interpretación de los hechos, que muy pronto sabremos es tan equívoca como equivocada. Entre las costuras del relato se muestran la lascivia del pobre anciano y el dolor de la nínfula

…descubrimos el maravilloso arte de Nabokov: sin que nadie desmienta a su protagonista podemos, a partir de sus palabras, contar la otra historia, la que Humbert Humbert no puede o no quiere contar. La novela es, como Lolita demuestra de forma magistral, el espacio entre lo que las palabras dicen y lo que realmente cuentan. El arte de la novela nace de la posibilidad de delatar a sus personajes sin nunca traicionarlos.

Como toda novela que se respeta, Lolita es una novela moral. Los malos pagan por sus maldades, pero los buenos no reciben recompensa, justamente porque Lolita es una novela moral y no cree que existan los buenos, y menos, mucho menos, los inocentes. Lolita es una novela moral, pero no es una novela “moralista”. Uso aquí el término “moralista” en el sentido que le daba Pier Paolo Pasolini, que llamaba moralismo a esa mala fe del burgués que quiere vivir el placer de ser escandalizado y que quiere al mismo tiempo tener el poder de castigar al que le provee ese placer. Un moralismo que es quizá la clave de la revolución ético-mediática que nos inunda. Porque una de las ventajas de la indignación posmoderna es su capacidad de darle al voyeurista, que quiere saber cómo y cuándo se acuesta el famoso, una indignación tan ardiente que puede darle un manto de bondad a sus otras calenturas.

En un templo budista, Lolita no llega a ser ni una buena ni una mala novela, porque es posible que ningún monje la termine. No lo es tampoco en los miles de pueblos de África, Asia o Latinoamérica en los que las mujeres son destinadas a los 15 años al servicio del hombre sin que nadie les pregunte su opinión. Para que Lolita sea Lolita no solo se necesita un escritor o un protagonista perverso, sino un lector que pueda disfrutar tanto como lamentar (lamentar porque la disfruta, y disfrutar porque la lamenta) esa perversidad. Los libros que nos importan no son los que leemos, sino los que nos leen a nosotros. La grandeza de Lolita, que es también su peligro, es que nos obliga a reconocernos tanto en Humbert Humbert como en Lolita. Es quizás la razón por la que habría que prohibir Lolita, y por la que es absolutamente inútil hacerlo. Lolita no inventó el abuso a menores, ni puede hacer nada para impedirlo ni tampoco nada para fomentarlo; solo le da un nombre, una sombra, una leyenda que nos permite, como el mango de la sartén, tocar lo que quema sin quemarnos las manos nosotros.

Los libros que nos importan no son los que leemos, sino los que nos leen a nosotros

La idea de que la literatura tiene derechos inalienables nacidos de la santidad del arte es tan infantil como esperar del arte lecciones de vida que el lector deba imitar. (1) Lo que hace la novela necesaria es su manera de articular en leyendas y palabras la perversidad sin nombre que habitaba después y antes de la novela en sus lectores. (2) Lo que hace la literatura necesaria es la idea de que, al tener nombre, los demonios pierden su poder, para convertirse en máscara de carnaval. (a) La novela tiene el derecho y la obligación de decir la verdad debajo y detrás de la Verdad. Tiene que recordar que detrás y debajo y al lado de la Verdad de lo deseable está lo que de verdad deseamos. (b) La novela no tiene otro objeto que decir que eso que “no tiene lugar” sucede en ese “lugar de La Mancha” que Cervantes cruelmente no quiere nombrar.

No lo dice porque ese “lugar de La Mancha” es la cama, la playa, la pieza, la silla en que leemos la historia de un pobre viejo que se saltó la palabra “novela” de las novelas de caballería. No es del todo irónico que la primera novela moderna sea la historia de un hombre que no sabía leer novelas. Quizás la última novela cuente lo que terminó por ocurrirle a una sociedad que ya lee novelas como si fueran informes sociológicos, leyendas como si fueran profecías, cifras como si fueran letras, y bromas como si fueran leyes. Espero que haya al final de todo ese embrollo un Nabokov y un Cervantes capaces de contarnos el final de la historia.

Acerca de crariza

Aunque crecí y trabajé en la gran ciudad, he vivido también en una zona rural y ahora en Addis (Ethiopia). Me gusta dar paseos por el campo y la montaña. Disfruto con mi familia, con la lectura y cuando me dejo llego a escribir algo. Me gustan los escritores que escriben sobre escritores o sobre el proceso de escribir o de ser, como Paul Auster, Enrique Vila-Matas. Pero también paso buenos ratos con policiacos, sagas y comedias. Soy Doctor Ingeniero Agrónomo y Master en Evaluación y trabajo en temas relacionados metodologías de intervención en cooperación y desarrollo. He tenidos experiencias en cooperación internacional para el desarrollo a nivel ONGD , instituciones y organismos regionales, estatales y Universidades. He sido voluntario, investigador y consultor independiente en temas de desarrollo. He trabajado en temas relacionados con la evaluación de políticas de desarrollo para el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación en Madrid. He trabajado en temas de Evaluación, aprendizaje e investigación como freelance (independiente). Ahora trabajo para FAO en Ethiopía en refuerzo de espacios de coordinación para la resiliencia… Tengo otro blog igual de raro: Aprendiendo a Aprender para el Desarrollo (TripleAD) https://triplead.blog/
Esta entrada fue publicada en Contar, Cuento, Escritura y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.