Expresar cosas pero sin encontrar el vehículo

Agustín Fernández Mallo no sabe cómo empezó todo. En realidad, no cree que haya un detonante. Nunca lo hay, dice. Lo que hay es una construcción, asegura. (1) Se está refiriendo a cómo acabó haciendo saltar en mil pedazos el panorama literario español hace más de una década cuando publicó su Nocilla Dream. En realidad, (2) se está refiriendo a lo que le llevó a escribir. “Me recuerdo siempre intentando expresar cosas pero sin encontrar el vehículo”, dice. Está hablando de cuando tenía 16 años. “Hacía fotografías en blanco y negro y luego las coloreaba”, asegura. Esa es una de las primeras cosas que recuerda haber hecho, mucho antes de sentarse ante una libreta. “Supongo que era un medio de expresión de algo que aún no sabía qué era, aunque cuando echo la vista atrás veo que en ese detalle ya está la noción de reciclaje, y la obsesión por deformar la copia”, admite.

En su última novela, Trilogía de la guerra (Premio Biblioteca Breve), (1) un paseo sebaldiano por la Historia, con mayúsculas, la guerra, de todo tipo, en el punto de mira, hay materia que desaparece y materia que no podrá reutilizarse porque siempre será, dice, “carne”. También hay (2) una bakery neoyorquina regentada por un gallego, Antonio, que una vez estuvo preso en la isla de San Simón. (3) Una artista llamada Tucker, experta en guerras del siglo XX y el XXI, que parece estar, todo el tiempo, escuchando a Sparklehorse. (4) Un astronauta que estuvo en la Luna, y también en la guerra de Vietnam, pero que no tiene forma de probar lo primero y a ratos cree en un mundo paralelo hecho de placenta de vaca. (5) Salvador Dalí vistiendo camisetas de Prada garabateadas con la máxima The Crime of the Century. (6) Un vaso de leche humana fresca. (7) Una galleta de perro embarazado. (8) Una mujer que recorre la costa de Normandía a la que 14 hombres enviaron a morir a 100.000 y se pregunta de dónde viene la violencia que ejercen los hombres contra los hombres. (9) Un mensaje de texto que alguien escribe a un muerto que quizá no esté muerto y que dice lo siguiente: “Es un error dar por hecho lo que fue contemplado”.

(1) Del puñado de polaroids de sus anteriores asaltos narrativos —la trilogía Nocilla, Limbo— a (2) la novela caleidoscópica y circular, que sumerge al lector en una burbuja en la que la ficción se revuelve y viaja en el tiempo hacia otros presentes, Fernández Mallo, como el escritor sin nombre que en la primera página de la novela descubre que un décimo de la superficie terrestre se quema debido a causas naturales, vive la vida como una forma de arte. Lo siguiente que recuerda a todas aquellas fotografías que coloreó, con 16 años, es sentirse poderosamente atraído por la ciencia, por la belleza de la ciencia, y no entender qué tenía de distinta esa belleza de la belleza artística. “Me recuerdo estudiando ciencias como algo con una belleza interna y emocionándome como me emocionaba al leer un poema. Supongo que si empecé a escribir fue para intentar expresar lo que sentía, porque era exactamente lo mismo lo que sentía pintando aquellas fotografías que leyendo un teorema. Lo primero que hice fueron poemas y letras de canciones para los grupos con los que tocaba. No pensaba en dedicarme a esto. Me parecía algo estratosférico. De hecho, no conocí a un sólo novelista hasta que cumplí los 39, el año en que publiqué Nocilla Dream”, cuenta.

Le llevó años, dice, construir el complejo mundo que despliega en cada libro, el mapa literario de ideas al que llama su poética. Una poética que se derrumbó la mañana de octubre de hace cuatro años en que aterrizó en la isla de San Simón y se topó con algo que su poética era incapaz de explicar: el horror de la guerra. “Lo curioso es que tampoco me servía la poética de nadie más. Tenía que inventar algo nuevo”. Y ese algo fue un personaje, un personaje que podría estar vivo pero también podría estar muerto, y que es el protagonista del Libro Primerode Trilogía de la guerra.

Acerca de crariza

Aunque crecí y trabajé en la gran ciudad, he vivido también en una zona rural y ahora en Addis (Ethiopia). Me gusta dar paseos por el campo y la montaña. Disfruto con mi familia, con la lectura y cuando me dejo llego a escribir algo. Me gustan los escritores que escriben sobre escritores o sobre el proceso de escribir o de ser, como Paul Auster, Enrique Vila-Matas. Pero también paso buenos ratos con policiacos, sagas y comedias. Soy Doctor Ingeniero Agrónomo y Master en Evaluación y trabajo en temas relacionados metodologías de intervención en cooperación y desarrollo. He tenidos experiencias en cooperación internacional para el desarrollo a nivel ONGD , instituciones y organismos regionales, estatales y Universidades. He sido voluntario, investigador y consultor independiente en temas de desarrollo. He trabajado en temas relacionados con la evaluación de políticas de desarrollo para el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación en Madrid. He trabajado en temas de Evaluación, aprendizaje e investigación como freelance (independiente). Ahora trabajo para FAO en Ethiopía en refuerzo de espacios de coordinación para la resiliencia… Tengo otro blog igual de raro: Aprendiendo a Aprender para el Desarrollo (TripleAD) https://triplead.blog/
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