Delante del 23 Quai Saint Vincent, me miro en el cristal de la panadería y lo que veo no me gusta. Hoy, hojeé libros de Robert Walser, Corina Bille, Maurice Chappaz y Flannery O’Connor, pero el que me cautivó fue «1Q84» de Murakami.
Mientras caminaba por la plaza de Sathonay, vi a un hombre que me recordó a Tengo, absorto en un libro en un café. Me senté cerca y observé cómo una persona cerca de Tengo levantaba la vista, como esperando algo extraordinario. De repente, me miró directamente, sus ojos profundos como el universo. Me recordó a Jakob von Gunten de Walser. Jakob y Tengo comenzaron a conversar sobre la realidad y los sueños.
Ruby Turpin de O’Connor se unió a Tengo y Jakob, hablando sobre el bien y el mal. Luego, Marie de Bille y Jean de Chappaz se acercaron, añadiendo reflexiones sobre la naturaleza y la paz interior. La conversación se desvaneció de repento, dejando un silencio sonoro y una sensación de misterio.
Al caminar de regreso por el Quai Saint Vincent, reflexioné sobre lo que había presenciado. Me di cuenta de que, a pesar de las diferencias en estilo y temática, todos estos autores y sus personajes compartían una búsqueda común: la exploración de la condición humana. Ya sea a través de la introspección, la confrontación con lo absurdo, la lucha moral, la conexión con la naturaleza o la búsqueda de la verdad, cada uno de ellos ofrecía una perspectiva única sobre lo que significa ser humano. Y en ese cruce de caminos literarios, encontré una profunda conexión con mi propia vida y mis propias búsquedas.
De repente, sentí una mano en mi hombro. Me giré y vi a Tengo, sonriendo. «La realidad es solo un espejo», dijo. «Y a veces, lo que ves no es lo que esperas».
