Gracias por tu franqueza

A Blas le preguntaron qué pensaba.

Fue un martes a las once y veintitrés de la mañana, durante una reunión sobre la importancia de crear espacios seguros donde todo el mundo pudiera expresarse con libertad.

Blas cometió el error de creer que la pregunta era una pregunta.

—Creo que esto no está funcionando —dijo.

Hubo un silencio.

No un silencio largo. En las organizaciones internacionales los silencios largos están mal vistos porque pueden interpretarse como falta de facilitación. Fue un silencio breve, profesional, inclusivo.

La directora sonrió.

Era D2.

Blas nunca había entendido del todo los grados. Sabía que los P trabajaban, los D decidían y, por encima, existían personas cuyo trabajo consistía principalmente en aparecer en fotografías tomadas desde ligeramente abajo.

—Thank you for your honesty, Blas.

Aquello le preocupó.

Llevaba suficientes años en cooperación internacional para saber que cuando alguien agradecía tu honestidad era porque acababas de cometer una…

La directora continuó sonriendo.

—This is exactly the kind of open conversation we need.

Entonces Blas supo que estaba perdido.

Durante los siguientes veinte minutos, cinco personas explicaron la importancia de speaking up. Ninguna dijo nada.

Blas las admiró.

Había tardado años en comprender que aquello era una competencia profesional. Como Excel. Como hablar francés. Como utilizar siglas sin recordar qué significaban.

Consistía en expresar con absoluta claridad algo distinto de lo que uno pensaba.

Si una idea era absurda, se decía:

I wonder whether we could explore alternative approaches.

Si alguien llevaba seis meses haciendo mal su trabajo:

Perhaps there is an opportunity to strengthen capacity.

Si el jefe había tomado una decisión catastrófica:

It might be useful to reflect collectively on some unintended consequences.

Y si estabas completamente en desacuerdo:

Absolutely.

Blas, que era español pero podría haber sido italiano, griego, argentino, libanés o cualquier otra nacionalidad educada en la convicción de que una discusión puede incluir elevar la voz sin que después sea necesario avisar a Recursos Humanos, había necesitado varios años para dominar aquel idioma.

No era inglés.

El inglés lo hablaba razonablemente bien.

Era otra cosa.

Lo llamaban cultura organizacional.

A veces pensaba en Belle du Seigneur, de Albert Cohen, y sospechaba que las organizaciones internacionales habían cambiado menos de lo que decían sus planes estratégicos. Ya no había aristócratas exactamente. Había D1, D2, ASG, USG y otras formas modernas de nobleza que Blas nunca conseguía colocar correctamente en la pirámide.

Los nuevos duques hablaban de transformación.

Las condesas de participación.

Los marqueses de innovación.

Todos tenían open-door policy, aunque para llegar hasta la puerta había que pedir cita a tres personas.

Lo extraordinario era que la institución dedicaba cantidades considerables de dinero a enseñar a sus empleados a hablar.

Había cursos sobre courageous conversations, difficult conversations, constructive feedback, psychological safety y speaking truth to power.

Blas había asistido a varios.

Había aprendido que para decirle a alguien que estaba equivocado primero había que agradecerle tres cosas, reconocer dos fortalezas, formular el desacuerdo como una pregunta y terminar ofreciéndose a colaborar.

Para cuando llegabas al desacuerdo, ya no recordabas por qué estabas enfadado.

Tal vez esa fuera la finalidad.

En la siguiente reunión, Blas decidió aplicar lo aprendido.

Un director presentó durante cuarenta minutos una iniciativa que consistía básicamente en volver a hacer lo mismo que llevaban haciendo diez años, pero cambiándole el nombre.

—Any reactions?

Blas respiró.

Sonrió.

—Thank you. This is extremely interesting.

El director asintió.

—And I really appreciate the ambition behind the proposal.

Otra sonrisa.

—Perhaps there might be an opportunity to explore whether some elements could potentially benefit from further reflection.

El director lo miró satisfecho.

—Excellent point, Blas.

Blas sintió una felicidad inesperada.

Había conseguido decir «esto es una mierda» y recibir una felicitación.

Aquella tarde encontró en su correo una invitación para participar en un grupo de trabajo sobre comunicación auténtica.

Aceptó inmediatamente.

Antes de apagar el ordenador, abrió el documento donde intentaba escribir un cuento sobre todo aquello.

Escribió:

«En las organizaciones internacionales nadie miente».

Lo leyó.

Lo borró.

Después escribió:

«En las organizaciones internacionales todo el mundo dice la verdad».

También lo borró.

Se quedó un rato mirando la pantalla.

Finalmente escribió:

«Thank you for your honesty»

Nota sobre el uso de inteligencia artificial: Para la elaboración de este relato he utilizado herramientas de inteligencia artificial como apoyo para desarrollar la idea original, explorar perspectivas narrativas, experimentar con recursos literarios y trabajar la estructura y redacción del texto. Las experiencias, observaciones y reflexiones críticas que inspiran el relato son propias. La inteligencia artificial ha colaborado en su construcción literaria, mientras que el enfoque, las decisiones editoriales y la responsabilidad sobre el resultado final son míos.

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About Carlos

Aunque crecí y trabajé en la gran ciudad, he vivido también en una zona rural en España y en Addis (Ethiopia). Me gusta dar paseos por el campo y la montaña. Disfruto con mi familia, con la lectura y cuando me dejo llego a escribir algo. Me gustan los escritores que escriben sobre escritores o sobre el proceso de escribir o de ser, como Paul Auster, Enrique Vila-Matas. Pero también paso buenos ratos con policiacos, sagas y comedias. Soy Doctor Ingeniero Agrónomo y Master en Evaluación y trabajo en temas relacionados metodologías de intervención en cooperación y desarrollo. He tenidos experiencias en cooperación internacional para el desarrollo a nivel ONGD , instituciones y organismos regionales, estatales y Universidades. He sido voluntario, investigador y consultor independiente en temas de desarrollo. He trabajado en temas relacionados con la evaluación de políticas de desarrollo para el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación en Madrid. He trabajado en temas de Evaluación, aprendizaje e investigación como freelance (independiente). He trabajado cuatro años para FAO en Ethiopía en refuerzo de espacios de coordinación, seguimiento y evaluación para la resiliencia…con PAHO/WHO y UNICEF América Latina reforzando capacidades en evaluación y aprendizaje Tengo otro blog igual de raro: Aprendiendo a Aprender para el Desarrollo (TripleAD) https://triplead.blog/
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