
Una historia sin índice de rendimiento o desempeño, pero con un cuerpo y un alma que piden existir.
Esto no es un diario. Es un espacio seguro con tintes de vómito sin gramática, pero con sentido.
Clara, 3:17 a.m., cuaderno azul
I. Clara, la no siempre útil
Clara sabía que no lo había hecho todo tan bien.
Formación internacional, cooperación en zonas rojas, artículos leídos por nadie y deseada por todos los que sólo miraban su currículum, sin detenerse nunca a preguntarse quién era realmente (y durante mucho tiempo, ella también deseó ser querida por ese tipo de personas: las que brillaban en los eventos, las que sabían hablar de cambio con voz firme y sin pausas; hasta que entendió que muchas de ellas eran las menos capaces de ver o sostener lo que de verdad dolía).
Sus días eran una tabla de Excel emocional: proyectos, camas, países, KPI de empatía siempre en rojo.
Pero cada noche, el silencio se le deslizaba por los tobillos.
Apps de citas abiertas, documentos sin cerrar, un amor que siempre fue más trabajo que alivio.
Puedes leer sobre aquella jornada en La Voz Clara, donde narra cómo abandonó la reunión en Etiopía;
y también en Claro defrauda, donde reflexiona sobre sentirse impostora en su propia vida.
Clara intuyó que ese vacío no se curaría desde la productividad.








