“Si vas sin traje, te lo voy a estar recordando durante años…”

Mi hijo Nicolás, que ahora es más francés que el camembert recalentado, está haciendo una estancia en la embajada de Francia en Panamá y me ha conseguido una invitación para el cóctel diplomático del 14 de julio. Todo bien hasta ahí.
PERO… quiere que vaya en traje.
En Panamá.
Con esa humedad.
Y yo, que como bien saben he nacido para ser libre (como el viento y como los mosquitos que nos acribillan), pensaba ir con una de mis camisas estilo Mao.
Lo bueno —o lo irónico— es que, aunque sean de Kiabi Toledo, se confunden con guayaberas.
Y ahora Nicolás, con su tono post-sorbete de limón, me dice que esas camisas en Francia “son de proletario”.
(A veces me pregunto de dónde le vienen esas ideas. Luego recuerdo que soy yo también el que lo educó. Mea culpa.)
A pesar del tiempo, y de los pesares, yo sigo fiel a mi look ONG chic:
— Sin sandalias (no me gustan; a los mosquitos sí).
— Camisa Mao de saldo.
— Y dignidad tropical.
Pero entonces… ¡zas!
Nicolás se alía con mi madre. Y juntos lanzan el misil intergeneracional:
“Si vas sin traje, te lo voy a estar recordando durante años…”








