
por Clara (o eso creo)
No sé si me despidieron por los recortes de T. o por los míos.
—Te vamos a extrañar, Clara —me dijo Marta de RRHH con los ojos humedecidos, como si hubiera leído una novela rusa antes de entrar.
Yo también. Pero no a ustedes. Me voy a extrañar a mí misma. A esa que mandaba informes sobre campamentos en crisis desde el WiFi inestable de Níger, con la frente sudada y la moral tambaleando pero firme. ¿Esa era yo?
Ahora estoy en un café en el Barrio de las Letras de Madrid. Otra crisis, pero de cócteles caros y turistas sin duda buscando a Quevedo en tapas de gambas. Vengo al mismo café donde escribía informes. Ahora escribo… esto. ¿Ficción? ¿Currículum emocional? ¿Postmeta-ficción colaborativa involuntaria?
A veces creo que esta historia la está escribiendo otra Clara. Una Clara con mejores filtros de Instagram y menos contradicciones.
Tacha eso. No existe tal Clara. La auténtica soy yo. O la que queda.





