Clara se sentó en una mesa del Santuario, un restaurante en el Casco Antiguo de Panamá. El lugar tenía un aire de historia y misterio, con sus paredes de piedra y su ambiente tranquilo. Clara, una cooperante que había dejado atrás su vida en África, ahora trabajaba en Panamá. Mientras tomaba un café, observaba el paso del tiempo y reflexionaba sobre su vida y sus deseos de escribir.
Eliana, su compañera panameña de la oficina, se unió a ella a la hora acordada. «¿Sabías que este lugar solía ser un monasterio jesuita?», comentó Eliana. «Fue construido en 1688 y, después de la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio pasó por varias transformaciones hasta convertirse en este restaurante. El Casco Antiguo de Panamá está lleno de historias como ésta».
Clara asintió, fascinada. «Es increíble cómo los lugares pueden cambiar tanto con el tiempo. Me recuerda a Clayton, donde está nuestra oficina. ¿Sabías que fue una base militar estadounidense hasta 1999? Ahora es la Ciudad del Saber, un centro de innovación y cultura».
Eliana sonrió. «Sí, y muchos escritores y artistas estadounidenses nacieron en Panamá, como el poeta William Carlos Williams y el novelista John Le Carré. También tenemos grandes escritores panameños como Rosa María Britton y Ramón Fonseca Mora, cuyas obras han marcado la literatura de los últimos 30 años».
Más tarde, Clara y Eliana fueron a La Finca del Mar, un restaurante con vistas a la Cinta Costera. «Este lugar tiene una historia interesante», dijo Eliana. «Solía ser una casa colonial antes de convertirse en un restaurante. Ahora es conocido por su ambiente relajado y su excelente comida».





