Mujeres unidas reivindicándose

No es que la madre de Diski no supiera nada. Es que lo obvió por completo. Es algo que no existía en su narrativa. Para ella, las ovejas no existían, como tampoco el pastor o la persona que esquiló a las ovejas y trató su lana. Para la madre de Diski el campo no existía. No hay más posibilidad. Con esa afirmación tan rotunda que le hace a su hija, el medio rural y sus habitantes no tienen posibilidad de existir. Porque no se contemplan. No se tienen en cuenta. No importan.

Esta anécdota sirve para hablar de nuestro medio rural y de las mujeres rurales que viven en él. Y con ellas no me refiero exclusivamente a las que trabajan en el campo siendo ganaderas, agricultoras, pastoras o jornaleras, sino a todas las que viven en los pueblos de nuestro territorio. Si se puede considerar que una gran parte de la sociedad que vive en las ciudades se ha convertido en sujetos posdomésticos, para los que el campo ni entra ni se contempla en su día a día, cómo no van a obviar a sus habitantes.

(…)

Y si el medio rural es el gran olvidado, ¿qué pasa con las mujeres que lo habitan? ¿A qué plano pasan? ¿Cómo se las tiene en cuenta si en el lugar en que viven no se las contempla ni se las tiene en cuenta?

La respuesta es que las mujeres del medio rural son doblemente discriminadas. Doblemente obviadas. Doblemente olvidadas. Primero por su género, pero también por el lugar en el que residen y trabajan.

Hemos interiorizado ese desconocimiento hacia nuestros márgenes, hacia las manos que lo cuidan y hacia todos esos alimentos que producen. Nos han injertado ese vacío entre el medio rural y las ciudades. Lo vemos como algo normal. No preguntamos, no cuestionamos, no contamos. No queremos saber.

Es cierto que, en los últimos tiempos, el consumidor ha empezado a pensárselo dos veces antes de decidir qué echa en su carrito de la compra. Nos hipnotiza lo eco y lo bio, si bien la mayoría de las veces no damos la vuelta al alimento para leer su etiqueta.

¿Nos preguntamos acaso de dónde procede ese alimento?

¿Se ha producido en nuestro país?

Si no es así, ¿nos cuestionamos cuántos kilómetros ha viajado hasta esa estantería del supermercado? ¿Y los sistemas de producción?

¿Sabemos diferenciar si un alimento viene de un sistema industrial? ¿Si esa carne o esa leche o ese queso provienen de ganadería extensiva o de ganadería intensiva?

¿De qué animales proviene nuestra comida? ¿Razas autóctonas? ¿Razas en peligro de extinción?

¿Y la tierra?

¿Monocultivo? ¿Policultivo?

¿Agricultura industrial o familiar?

¿Qué semillas se han usado? ¿Qué sistemas?

¿Y la mano que cuida?

¿Nos preguntamos por la persona que hace posible nuestra comida? ¿Por su historia?

¿Por sus condiciones laborales?

¿Nos paramos a pensar todo lo que supone tener ese alimento al alcance de la mano?

(…)

El medio rural y las mujeres que lo habitan son las grandes desconocidas del territorio. Y no es porque no tengan voz ni nada que contar. La tienen, como todas. Lo que pasa es que no ocupan las grandes plataformas ni los altavoces que, casualmente, siempre se encuentran en los mismos sitios, en las grandes ciudades.

No hay un solo tipo de mujer rural. El medio rural es diverso y no tiene una única cara y voz. El medio rural es multitud. Tenemos muchas historias que rescatar y sacar de la sombra.

Cada día lo tengo más claro. Juntas, mejor.

En un mundo en el que cada día manda más lo individual y la inmediatez, volver la vista a nuestros márgenes es un ejercicio necesario y fundamental. Es curioso que, en nuestras ciudades, cada día surgen y crecen más colectivos que buscan como fin la comunidad. Que se caracterizan por la sororidad, la creación de vínculos con las personas que forman el grupo, que buscan, a fin de cuentas, un intercambio de saberes o de ayudas. A fin de cuentas, un tipo de cuidados. También en las ciudades crece cada vez más la inquietud por querer hacerlas sostenibles y verdes. Nos preocupa la contaminación, el cambio climático, lo que comemos. Nos da miedo y nos duele la soledad. No queremos ciudades frías, queremos comunidades.

¿Por qué olvidamos la raíz?

¿Por qué olvidamos de dónde venimos?

¿Por qué no mirar a nuestros pueblos?

(…)

Porque pensaba en mis abuelas y en todas las mujeres de los pueblos. En sus casas. Con las puertas abiertas, con los zaguanes siempre encendidos. Unas pendientes de las otras, cuidándose entre ellas. Cruzando sus calles con las ollitas calientes, con cestos llenos de huevos y verduras, con el pan bajo el brazo. Compartiendo. Sin necesidad de buzones ni pegatinas. Sin necesidad de que alguien piense como original e innovador algo que es tan primario y que llevamos tan dentro: el afecto y los cuidados hacia los que nos rodean. El apego y la atención. La comunidad y sus vínculos.

Siempre he pensado que lo radical y lo realmente innovador sucede en nuestros márgenes. En nuestro medio rural. En nuestros pueblos. Lazos nuevos, tejidos que se crean, proyectos rompedores, ideas maravillosas, asociaciones, colectivos... y las que están detrás de todas estas iniciativas, en la mayoría de los casos, son mujeres.

Mujeres unidas reivindicándose y haciendo notar su voz. Ocupando los lugares que les correspondían, llegando poco a poco y, al fin, a los medios. Haciéndose con el espacio que les tocaba y que siempre les había sido arrebatado.

                    María Sánchez, Tierra de mujeres, Seix Barral,2019, pp. 65-72

Acerca de Carlos

Aunque crecí y trabajé en la gran ciudad, he vivido también en una zona rural y ahora en Addis (Ethiopia). Me gusta dar paseos por el campo y la montaña. Disfruto con mi familia, con la lectura y cuando me dejo llego a escribir algo. Me gustan los escritores que escriben sobre escritores o sobre el proceso de escribir o de ser, como Paul Auster, Enrique Vila-Matas. Pero también paso buenos ratos con policiacos, sagas y comedias. Soy Doctor Ingeniero Agrónomo y Master en Evaluación y trabajo en temas relacionados metodologías de intervención en cooperación y desarrollo. He tenidos experiencias en cooperación internacional para el desarrollo a nivel ONGD , instituciones y organismos regionales, estatales y Universidades. He sido voluntario, investigador y consultor independiente en temas de desarrollo. He trabajado en temas relacionados con la evaluación de políticas de desarrollo para el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación en Madrid. He trabajado en temas de Evaluación, aprendizaje e investigación como freelance (independiente). He trabajado cuatro años para FAO en Ethiopía en refuerzo de espacios de coordinación, seguimiento y evaluación para la resiliencia…ahora para UNICEF América Latina reforzando capacidades en evaluación y aprendizaje Tengo otro blog igual de raro: Aprendiendo a Aprender para el Desarrollo (TripleAD) https://triplead.blog/
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