A mí nunca me ha gustado escribir. Nunca. No me ha llamado la atención.
Leyendo el cuaderno de mi amigo C.. No sabía que escribiera, ni que tuviera un cuaderno.
Sin embargo, después de leer lo que hay escrito, pienso que no es mala idea tener un cuaderno, sobre todo cuando ya vas teniendo algunos años, y vas olvidando al mismo tiempo que apagándote.
Algun@s os estaréis preguntando qué hago leyendo el cuaderno de mi amigo C. Es una buena pregunta, pero la responderé en otro momento. Dejadme ahora simplemente el beneficio de la duda. Tengo buenas razones para ello. Mi amigo C. y yo hemos sido camaradas en algunas batallas cruentas en las que descubrí el sentido de trabajar en equipo, de no estar sola, de tener fe en los otros y, quizás, en el mundo. Y después de su desaparición quise tratar de entender mejor algunas cosas.
Mi amigo C. tiene ideas interesantes. Entre ellas que escribir te ayuda a vivir de una forma diferente. C. se pregunta si escribir te garantiza una vida mejor, pero tampoco está seguro, porque escribir no tiene por qué ayudarte a ser feliz. Ser feliz, indica, es algo por lo que tienes que pelear durante toda tu vida.


