Observa, pero observa para escribir. Escribe lo que observa, con palabras pero de forma mecánica. Para no olvidar, para sentir, para tocar, para ser, para vivir. Porque, por encima de todo, y de tod@s, contar historias es lo que queda, lo que cuenta, la razón de ser. Aunque claro, no solo, no la única, ni suficiente, ni necesaria forma de encontrarse, de salvarse.
Novela. Novela negra. Relatos. Mini relatos. Micro relatos. Descripción de un restaurante (mesas, cubiertos, menús, clientes y un perrito). Elementos de la sala del doctor (chimenea, cuadros, plantas, lavabo, mesa, armario, camilla). Un mercado de barrio (frutas, carnes, frutos secos, embutidos, pescados, flores y mendigos)
Escribe con inseguridad e inconstancia sobre tipos inseguros (tod@s son/somos insegur@s, descubrió después, todos dioses y diablos, magos y charlatanes, reinos y ruinas, manjar y fango)
Lee libros y páginas de autoayuda, con frases como: «No es el/lo otro que te decepcionó, fuiste tú que lo idealizaste de más». «Para bien o para mal, tocar fondo hace que ya no seamos los mismos»…
Y aunque se dice que mejor reír que escribir palabras tristes, prefiere dejar estas palabras en su cuaderno. Porque es lo único que sabe hacer, porque es lo único que puede hacer que todo cambie. Y aún así…hay que estar constantemente vigilantes, vigilando, observando, escribiendo…
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