Dibujando o describiendo

No sé si alguna vez os habéis preguntado si es más fácil dibujar una rostro o describirlo. Igualmente me pregunto si es más fácil apreciar los pequeños momentos que los grandes. Y quietos, no se mueva nadie, todos quietos. Veo esa cara sonriendo tan difícil de describir o de pintar. Y veo ese ramo de flores blancas. Puede que sea para rememorar uno más, uno nuevo en este mundo. Felicidades en cualquier caso. Y es que cuando se hace una promesa, uno tendría que cumplirla o acatarla. Quizás en el fondo no importe tanto el dibujar o describir, sino sobre todo el rememorar, el tener en cuenta ese rostro y ese momento, para que no caigan en el olvido y para ser, simplemente ser.

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Cuentos vivos

Compró el periódico como todos los días tras saludar al kiosquero. Otro día con las mismas noticias, esas noticias que hacen olvidar las otras noticias. Después fue directo a su bar de todos los días, a su sitio de costumbre. Pasando las páginas, directo a las necrológicas, donde cada día se preguntaba a quién encontraría. Otro día sin nadie conocido. Otro día para escribir. Un cuento más y un día menos. Esta vez otro certamen de un pequeño ayuntamiento.  Quizás hubiera podido ser un gran escritor si no hubiera dedicado toda su vida a otras cosas más provechosas pero dudosas y, por qué no, vacías. Quizás. Al menos ahora con la pensión podía arruinar su vida de una manera mejor, escribiendo sobre los vivos, aunque muchos de ellos ahora ya no lo fuesen. Escribiendo sobre lo que fue y lo que pudo ser, lo que hubiera sido si nada hubiera sido igual, lo que sería o será cuando todo sea diferente, aunque nunca cambie. Y por contarlo así ya había conseguido dos premios de dos ayuntamientos igual de pequeños y desconocidos. Y por tanto seguiría contando hasta que su necrológica apareciese en ese periódico y, por y para eso, junto a su esquela, ya había escrito y preparado otro cuento, su último cuento vivo.

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Nada importa todavía

Nada de lo que había hecho importaba o al menos eso parecía y pensaba mientras tan de mañana, casi de madrugada, jugaba con sus hijos. Tan pequeños, pensaba, tan inocentes, todavía no les había llegado la hora de importarles o de saber. Ya les llegaría el momento de darse cuenta o de ser parte o de influir de una forma o de otra en aquello que contribuye a o destruye todo.   Nada importaba todavía o al menos nada importante importaba, o al menos desde su perspectiva, aunque lo cierto es que esos pequeños frágiles mundos podían ser destruidos por una nadería, creando en sus pequeñas mentes crisis tan importantes como un terremoto o un tornado o una guerra. «Nada importaba todavía», quizás entonces, no fuese la expresión correcta. Quizás desde tan pequeños se les pudiera preparar para lo que viene luego, para que luego supiesen gestionar lo urgente y lo importante, para que supiesen gestionar expectativas al tiempo que tener ilusiones o ambiciones o sueños o como quiera que se llame a esperar algo de la vida. Pero por el momento nada importaba todavía y todo eso podía dejarse y esperar hasta mañana.

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Mucho por hacer todavía

Y es que él dijo que no podía ser, que todavía tenía mucho por hacer, como si eso importase algo, como si eso fuera a ser tenido en cuenta a la hora de partir. Mucho de lo que yo soy, de lo que yo sé, me lo enseñó él sin proponérselo, no sé sin quererlo. Y él partió sin hacer todo lo que quería hacer, aunque nunca, ni en cincuenta vidas, hubiera terminado todo lo que hubiera querido hacer.  Y es que nos pillan siempre en mitad de algo, nunca es buen momento o el momento correcto. Nunca estamos preparados para ese tipo de cosas. Noticias para las que no nos preparan. Nos preparan para hacer muchas cosas, cosas por hacer, cosas por tener. Cosas que perder antes de partir, todavía.

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Sobre o en el vacío

Escribir sobre o en el vacío

Escribir, dicen, cuando no hay nada que escribir

Escribir cuando se pueda, con el peligro -claro está- de no tener nada que contar cuando se pueda

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Predecible y preconcebido

Dicen que uno nunca puede cambiar, desde el nacimiento hasta la tumba será una misma cosa, un algo predecible y preconcebido, algo que en sustancia no cambiará desde el principio hasta el fin.

Dicen que eso ha sido así, es y será, que nada puede cambiar, o si cambia algo es para que nada cambie, y así se perpetúe una y otra vez la existencia de tantos millones de personas que no esperan nada, sin esperanza.

Digo yo que algo puede cambiar, que poco a poco podemos comprender que será así, y buscar la aptitud que nos lleve al necesario cambio de comportamiento para la acción. La acción pasa por la auto valoración para la superación de ese reto, ese mayor reto que es uno mismo siempre, siempre…

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Otro escritor del no

Encontré a ese conocido que tanto tiempo quiso ser escritor y nada escribió. Tomamos algo en un bar por el centro, ahora no recuerdo el nombre. Después de tanto tiempo sin vernos acabamos como amigos que nunca han dejado de verse, y eso que nunca antes fuimos amigos sino simple conocidos, quiero decir antes de ese encuentro. Me contó la historia de su vida. Sin querer ser cruel me pareció una historia un poco triste. Escuché con paciencia su monólogo. Incluso me contó con detalles la trama de algunos de sus intentos de cuento o de novela corta. Pero me dijo que nunca llegaba a terminar ninguno de esos cuentos o novelas. Le pregunté por qué no llegaba a terminar, por qué si empezaba algo no los terminaba. Su respuesta me dio que pensar. Me dijo que ni siquiera los empezaba esos relatos, que tenía un bloqueo que no le dejaba dedicar su energía y su hacer a escribir nada que mereciese la pena. Yo al menos quise dejar algo de constancia de todo aquello, lo transferí, tal y como lo recordaba, a uno de mis cuadernos. Tal vez algún día esto podrá formar parte de algún cuento o novela corta. Mientras tanto aquí lo dejo, para que no caiga en el olvido.

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Del vacío al sentido de las palabras

Cuando no se encuentran las palabras porque no se encuentra el tiempo

Cuando no se encuentran los tiempos porque no se encuentra la paciencia

Cuando no se encuentra la paciencia porque no se encuentra el sentido

Cuando no se encuentra el sentido porque no se encuentran las palabras

Cuando todo es un círculo vicioso…

Tomo las palabras, les doy sentido, tomando con paciencia un tiempo precioso

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Todo el mundo cree que puede escribir una novela

«En literatura todos hemos sido intrusos. Ahora bien, como todo el mundo sabe leer y escribir, todo el mundo cree que puede escribir una novela, mientras que no todo el mundo pensaría que puede dirigir una película o componer una sinfonía»

Marías escribe casi una página al día y la revisa y la revisa, así cualquiera escribe así, o así cualquiera escribe como Marías, tan alambicado, tan como la vida misma o tan alejado de la vida misma…

Dice Marías que todo el mundo cree que puede escribir una novela cuando yo no soy todo el mundo y porque quiero, creo que  podré escribir una novela, con un poco de constancia de tiempo todo será posible.

Me centraré en analizar las situaciones, en crear la trama, en ponerle un poco de imaginación: Y eso que mi trabajo daría para varias novelas.

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Americanos

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No todos eran americanos porque había uno Africano, pero los tres mandatarios llegaron con su apretada agenda, vieron, soltaron un poco de la habitual retórica y se fueron.

Un@s cuant@s quitaron horas a la noche para satisfacer sus deseos de quedar bien con todos menos con algunos, que no contaban (demasiado)
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