Mientras en España termina el último verano aquí en Addis termina el invierno. La lluvia y el frío cogen por sorpresa, o no tanto, a los adormilados pasajeros que llegan de madrugada al aeropuerto Bole en su aerolínea estandarte, Ethiopian Airlines. El aeropuerto se está ampliando con financiación china, y rogamos para que se amplíe igualmente la capacidad de gestión, tanto en salidas como en llegadas (i).
La lluvia acompaña en julio, agosto y septiembre cualquier actividad al aire libre. Incluso en los momentos de cielo un poco abierto la humedad te sigue por doquier. El paseo entre tamarindos en caminos desgastados por el torrente generado por la lluvia. Los pájaros al fondo, los gatos cerca de las tuberías que les dan cobijo y alguna que otra tortuga despistada. Este agua produce también un caos particular aquí, pero apenas difiere del de otras ocasiones.
Y la lluvia se esconde entre sequía y sequía. Porque hay zonas de Etiopía a en las que esta lluvia es una excepción o una ilusión. No todo es sequía, al menos ahí fuera. La verdadera sequía está en nuestras mentes.