Soy un disfraz de tigre

Al cruzar el puente de la Feullée a la altura de la calle de Algérie, miró al cielo y vio esa tela de araña que formaban las guías de los tranvías.

Miró a la fachada del edificio del pan, donde había un mural con personajes de la ciudad. Lo llamaba así porque había una panadería al otro lado del mural.

Miró de nuevo al cielo y pensó en volar.

Se había encontrado unos cuadernos olvidados, quizás en el vuelo anterior, en el avión que le llevó a la ciudad: «Cuando sostuve esos cuadernos en mis manos, sentí que tenían el extraño peso de las cosas encantadas por historias que se cuentan una y otra vez y luego se vuelven a contar».

Miró el cuaderno y se preguntó qué necesidad tuvo la persona de escribir todo aquello. Además, citas en francés, inglés y español.

Pensó que debía ser bonito desarrollar una pasión así, tu pasión, tener una identidad propia…

Mientras paseaba por el borde del río, miró un grafiti que le llamó la atención tanto por lo que decía o no decía, como por estar escrito en español: “Soy un disfraz de tigre”.

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Historias que necesitan ser contadas

Acaso Lara deseabas que alguien te amara alguna vez y que algunas veces las cosas no salieran mal. O tan solo era un pensamiento.

Y mientras ese amor (no) llegaba, nos adoctrinabas sobre este mundo tan lleno de historias que necesitan ser contadas y que, al fin y al cabo, estamos aquí para contarlas, y nada más.

Intuías que no era tanto el qué contamos sino el cómo lo hacemos, que podríamos optar por diferentes perspectivas, o una mezcla de varias: como una persona distante, como una persona perdida, como una persona empática.

Aun así, no parabas de martirizarte con tu peculiar razonamiento contra-fáctico. Lo que no era humano: ese castigo que siempre te impusiste, que te hizo vivir en los márgenes de lo que llamabas realidad.

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Tenía que sentir algo

Mi vida se iba así. Sin pena ni gloria. Cómo se había pasado mi semana en esa conferencia en San José. En reuniones sin sentido ni objetivo. Y luego, encerrada en ese hotel y sin tiempo para nada más. Esta vez no compré artesanía. Incluso esta vez no pude escribir ni dormir bien.

Tenía que escribir algo. En el vuelo de vuelta revisé algunas de las anotaciones en las páginas de mi cuaderno ya casi completo:

Una compañera había renunciado a su puesto fijo por la forma de gestionar de la dirección.

Eso daría para escribir algo.

Que la vida es como tomar un avión.

No estaba segura, pero pensé que ya había escrito sobre eso…

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Disfuta del camino

Recorro estas páginas con un sentimiento de compasión. Por lo que quise ser y no soy. Y quizás, por lo que quise ser y, sin darme cuenta, fui.

Todavía oigo esas conversaciones con Lala, a lo lejos, en mi memoria.

Qué soy yo, aparte de lo que he escrito y de lo que he amado. Parece un comienzo patético, pero es que es la verdad.

Si hoy estuviera aquí, escuchando, Lala me diría que soy un pelmazo y que, además, soy desazón, desconfianza e inseguridad.

Todavía me sigo preguntando qué hubiera pasado entonces si, tras mandar algunas señales, hubiera hecho definitivamente el silencio y no hubiera esperado nada, porque no quedara nada. O solo hubieran quedado hojas como éstas, mi refugio. Qué hubiera pasado entonces si hubiera hecho un poco mas caso a Lala.

Yo pasaba tanto tiempo dando vueltas alrededor de lo mismo, alrededor de mi mismo. En búsqueda ahí fuera de lo que no encontraba aquí dentro. Tanto tiempo, que me olvidé de Lala y, con el tiempo, Lala se cansó de mí. Seguir leyendo →

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Road of crosses (Camino de cruces)

We walked along the the Royal Road of Crosses (Camino Real de Cruces, in Spanish), one of the historical routes of the isthmus of Panama that connected the Caribbean Sea with the Pacific Ocean during the colonial era.

We walked in the morning, very early in the morning (the difference in kilos of sun and heat), leaving from Papaya and heading towards an impossible entrance, muddy and locked. Bikes don’t pass through there, but neither do people sometimes. But in the end we passed. We headed down a path, a little path surrounded by vegetation. The Road of Crosses.

We found animals for the first time. We jumped over streams without falling (just barely). They told me that sometimes it was better to fall than to lean on the trees, for what there might be. Panels explaining the origin of that path. Path of the first explorers between Colon (Caribbean) and Panama (Pacific)

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Personas como nosotr@s

Cuántas novelas no hubieran empezado con personas como nosotr@s.

A finales del año pasado, mi amiga Beatriz, que acababa de publicar su primer libro de relatos sobre el caso de escritor@s que escriben sobre escribir, quedó atrapada en las redes de su propia ficción y se convirtió en una escritora totalmente bloqueada y paralizada.

Mi amiga Beatriz, que es bilingüe, dice las cosas de forma más británica y eufemística que yo.

Yo escribo micro relatos simbólicos y enigmáticos que, además, sólo Beatriz sabe entender en su justa medida, como: «Y el mundo debe ser más sencillo que todo eso: el tiempo, el agua y el barro. Quiero entender que esto no sólo consiste en poseer cosas o personas, más bien en poseer nuestras propias ideas, moral, sentidos y sentimientos».

Por eso estoy tan empeñado en ayudar a mi amiga Beatriz: «Déjalas correr, todas las preguntas que duelen, déjalas morir, en su estrés. Cierra los ojos y piensa en escribir».

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Momentos

Ella sabía que tenía que escribir esas líneas, o desaparecer. Y aunque su vida se contaba en palabras, sabía también que lo escrito no era suficiente (sus cuadernos se amontonaban, todos con preguntas y respuestas similares)

Ella sabía que para algun@s no había caminos, sino estelas en la mar. Por eso llevaba toda su vida buscando ese tesoro, a veces naufragando, pero volviendo a navegar (día a día, buscar la dirección a veces sin el viento a favor, la búsqueda, el tesoro)

Ella sabía que los libros guardaban también una parte del secreto de la vida. También que era saludable, de vez en cuando, rodearse de seres vivos de verdad, de seres queridos y no (la felicidad no estaba en los libros, tampoco solo en las personas, quizás en en un@ mism@)

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Se repiten

Ese interés por observar desde hace tanto, para lo bueno y para lo malo

Todos esos colegas por los que ha pasado el tiempo (ese tiempo que pasa para tod@s)

Esa torpeza o incapacidad de construirse (desazón, inseguridad y desconfianza)

Esa pegajosa atención a lo humano que viene de tiempo atrás

Esos momentos de ruido y de silencio y de furia. Y de cobardía y de falta de bravura.

Se repiten

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Se encontró

Se encontró con un trozo de su historia que al principio no reconoció, una y múltiple: «…se encontró con las chabolas al otro lado del muro, un muro alto de piedra que habían remodelado hacía poco, para hacerlo más grande, más intransitable, aunque antes ya era suficientemente alto, y si ahora no era suficiente, estaban los guardias de seguridad…»

La realidad son almas que gozan y almas que sufren. Sin una razón aparente, o sí.

Desazón

Dinámicas de dominio y poder, puestas o autoimpuestas.

Encontrar con sorpresa que alguien te escribe y te envía un soplo de energía

Y comprender que todo tiene un sentido, aunque parezca todo un caos

Y pasar el tiempo

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No paremos de explorar

Never stop exploring

Caminando, caminando. Plaza de Sathonay, ese espacio mágico para ser, sentir, vivir, intercambiar libros y otras muchas cosas, está hoy casi vacío. Ojeo uno de los libros y lo vuelvo a dejar.

Yo soy licenciado por la escuela de la vida, sin estrellas en el camino

En el camino hacia la plaza de Terreaux paso por la carnicería «Chez Assouz», siempre abierta, con ese venerable señor y hoy con la sola clientela de un amigo que le da conversación.

Hablaría con ella si no estuviera tan ciego. Pasea conmigo en esta noche de estrellas, bajo la luz de una luna mejor

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