
A quien le interese:
Yo, Aristófanes, autor de comedias memorables que nadie cita en las bodas, confieso que amé a Aspasia. Y no como se ama una estatua. Sino como se admira un terremoto: con miedo, deseo y el estómago encogido.
Diálogo con Aspasia (o lo que recuerdo de él)
“¿Y tú qué haces además de burlarte de los demás?”, me dijo. No sé si lo dijo de verdad. En mi memoria suena así. Yo tenía un chiste preparado sobre Sócrates con túnica corta, pero me lo tragué como todo lo valioso que nunca dije.
Ella hablaba. Yo escribía. A veces para alabarla. A veces para herirla. Eso no me absuelve: los comediantes también usamos el escenario como espejo y cuchillo.
Mi hijo me pregunta si soy feliz
Me pidió que puntuara mi felicidad del 1 al 10. Le dije que 7. Mentí. No por orgullo, sino por cansancio. Y porque él cree que soy filósofo. No se entera de que la gente como yo no llega al podio, sólo a las notas al pie.









