Me di cuenta, tarde, cuando desde el aeropuerto me dirigía hacia la ciudad en el autobús de conexión, que me había olvidado el diario en el avión.
Angustia extrema, como si todo lo vivido desde el comienzo de ese cuaderno hubiera muerto, definitivamente fuera de alcance, la memoria no es suficiente (*).
Más tarde todavía, cuando fui capaz de pensar sobre las cosas que me pasaron, diría que nada era real excepto la (mala) suerte. (**)
La suerte o la (in)constancia.
Una cantidad de palabras sin conexión.
Esa conexión necesitada de energía, de pegamento y de tiempo.




