Decisiones por etapas (parte II)

Segunda parte de  Decisiones por etapas (parte I)

Cosas banales. Difícil de creer, pero nosotras llamábamos «cosas banales» a la literatura, que desde siempre nos gustó, junto a la escritura, que nos gustó pero practicamos poco. Y esta vez también, durante la conversación hablamos de literatura y, cómo no, de nuestra escritora preferida, Clarice Lispector, con su presentación de personalidades complejas, de halo misterioso y siempre en conflicto consigo mismas. Era nuestra preferida porque quizás las dos «éramos» Lispector, Lispector pero sin escribir o al menos sin escribir como Clarice Linspector, o sea nada de nada. Una de nuestras frases «lispectorianas» preferidas,“Escribo para librarme de la difícil carga de ser una persona”, y es que desde nuestra adolescencia, nuestra cargada persona nos perseguía de forma infructuosa para hacernos escribir.

Luego la conversación dio el clásico giro, pasando, esta vez sí, a la fase nostálgica que, de una forma o de otra, también se repetía desde nuestra adolescencia: «¿te das cuenta que en veinte años ya seremos viejas, pero viejas viejas?…Mira mi madre ahora». Seguir leyendo →

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Decisiones por etapas (parte I)

Paula es de esas amigas que «son» amigas. Me refiero, cómo explicarlo, a esas personas con las que aunque pase el tiempo sin ver o estar juntas, de repente, llega el día de una llamada o un encuentro, y entonces es como si hubiese sido el día anterior que la dejamos de ver.

Podría haber sido anecdótico, pero no lo fue. En aquel momento yo llamaba y recibía llamadas a diario de tanta gente. Llamé a mi amiga Paula. Hacía tanto que no lo había hecho. Quizás la situación no invitaba a ello pero, como tantas cosas en mi vida, quizás por el azar o por la casualidad o por una mezcla de ambas, sucedió lo que nunca me había atrevido a hacer o a abordar. Seguir leyendo →

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Clara Campoamor, nuestra humanista olvidada

Hoy 30 de abril de 2020, se cumplen 48 años de la muerte de Clara Campoamor Rodríguez (1888-1972). Clara Campoamor fue abogada, escritora, política y defensora de los derechos de la mujer española. Creó la Unión Republicana Femenina y fue una de las principales impulsoras del sufragio femenino en España, que se logró en 1931, y por primera vez fue ejercido por las mujeres en las elecciones de 1933.

El 1 octubre de 1931, las mujeres obtuvieron el derecho al voto en España por 161 votos frente a 131. La diputada Clara Campoamor lo defendió así: Texto íntegro del discurso de Clara Campoamor en las Cortes. 

Fue la primera diputada en unas Cortes Generales, junto con la también abogada Victoria Kent, y la única mujer que, en España, ha redactado un texto constitucional desde 1812. Seguir leyendo →

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Historia de una relación

(Todos son mensajes de voz de whatsapp)

Ella: Tenemos que vernos de nuevo, ¿sabes?, desde el martes he pensado mucho en ti. Me puedes contactar por aquí. O por la noche en mi casa, en el  925 242 523.

El: Fue una noche maravillosa, aunque ahora tenga un enorme resaca ¿y la tuya? Te pones tan guapa cuando te enfadas. Nos vemos en una semana.

Ella: Sueño con tu cuerpo, sueño con tu boca. Te quiero cerca de mí, quiero que me acaricies. Sueño con tu piel y con tus manos. Solo pienso en ti, no puedo trabajar, no hago nada.

El: Mi amor. Estabas tan dormida, que no me atreví a despertarte. Trabajo hasta las 7.20. Si quieres después nos llamamos. No sé qué harás esta tarde, yo, la verdad, no tengo nada planeado. Pero si tienes trabajo, podemos hablar más tarde. Un beso. Seguir leyendo →

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La nueva «generación» literaria española

En línea con nuestra etiqueta «Escritor@s emergentes» este artículo de El País por ANTONIO J. RODRÍGUEZ, de enero de 2019, pero como una generación son diez años (o así), pues todavía está de actualidad.

El artículo ‘La generación’, nos hablaba del  ‘boom’ de la literatura española, de una ola de autor@s nacid@s en los ochenta y noventa, con una arrolladora presencia de mujeres y una prosa impulsada por la reflexión sobre el género, invade las librerías. No están tod@s las que son, pero son tod@s las que están. Algunas de las cuales ya hemos referido en posts pasados:

El final feliz de Lectura fácil (Anagrama) de  Cristina Morales (Granada, 1985)  ha servido para probar una intuición que venía sobrevolando el panorama editorial español: la confirmación de una nueva sensibilidad generacional entre los escritores nacidos en los ochenta y noventa, donde se da una arrolladora presencia de mujeres, cuya escritura, además, ha sido impulsada en tiempos de reflexión sobre el género. Seguir leyendo →

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Auster, todo el mundo tiene algo memorable que contar

Uno de esos libros menores de Paul Auster, pero indispensables para explorar su obra, es  ‘Creí que mi padre era Dios’, un conjunto de historias escritas por radioyentes y recopiladas por el novelista neoyorquino para componer una obra absolutamente imposible y descabellada a la que llamó ‘Proyecto de un Relato Nacional’, pues pretendía, mediante un coro de voces anónimas, juntar un millón de detalles, de historias pequeñas, para elaborar el rostro de una nación, para sugerir esa otra historia hecha de sucesos íntimos que nunca tiene sitio en el relato oficial de la Historia. Seguir leyendo →

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Pasamos nuestras vidas preocupándonos por cosas que no han sucedido

Pasamos nuestras vidas preocupándonos por cosas que no han sucedido y que no sucederán. Lo imposible es sólo lo que nunca ha pasado. Nos gusta culpar a otros de nuestros males pero no podemos culpar a nadie por fallar en sus predicciones en un mundo impredecible.

Lo mejor del futuro es que no lo conocemos. Nuestra vida son los otros, nos conocemos conociendo a otros, descubriendo a los demás. Es evidente que esto pasará, antes o después, mejor o peor, pero nada será igual. Nada debe volver a ser igual, manteniendo lo eterno que nos ayuda a ser: el amor, la amistad, la fraternidad, la solidaridad? La mayor de las alegrías que nos podemos permitir es comenzar. Vivir es bello porque siempre es comenzar, cada instante. Cuando estamos recluidos, estamos enfermos, por mera costumbre, por estupidez, no comenzamos y es como si estuviéramos dormidos. Seguir leyendo →

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Regreso a ninguna parte (y final)

Continuación de Regreso a ninguna parte (I de II)

Al llegar al Londres del XVIII, ambos científicos debieron decidir rápidamente cómo resolver aquel enigma; su primer punto de destino fue la “Royal Science Society”. A partir de ahí fue fácil dar con el paradero de Light, que ya en ese momento era un explorador reconocido.

Nadie, o casi nadie, podría haber imaginado la razón por la que Angélica Kauffman, Marat y el Capitán Light se reunieron en aquella taberna de Londres, el 24 de febrero de 1770, cuando Francis tenía 30 años, Marat 27 años y María Angélica 29.

Tras dudar unos momentos, Light se decidió a acoger a Marat y a Angélica, más por la reputación de ambos que por la consistencia o coherencia de lo que decían que querían hablar con él. Cenaron juntos y pronto empezaron a discutir. Light les contó que se había adentrado en una región donde aquel virus se había extendido y exterminado a más de la mitad de la población local y al 30% del destacamento inglés. Parecía un virus normal, pero era muy maligno y se propagaba muy rápido. Seguir leyendo →

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Regreso a ninguna parte (I de II)

La enfermedad se había extendido de manera nunca vista.

«Las radiografías de pecho revelaban señales de neumonía en ambos pulmones. Los signos vitales se mantenían generalmente estables durante el tiempo de hospitalización. Las pruebas de sangre mostraban un número bajo de glóbulos blancos en sangre (…) La disnea se desarrollaba en el 55% de los casos, siendo la mediana del tiempo desde el inicio de la enfermedad hasta la disnea 8 días. Presentaron linfopenia el 63%. Todos ellos tuvieron neumonía con hallazgos anormales en la TC de tórax. Las complicaciones incluyeron el síndrome de dificultad respiratoria aguda, resultado positivo para RT-PCR en tiempo real en la muestra de plasma, lesión cardíaca aguda e infección secundaria. Fueron ingresados en una UCI el 32% de los casos y el 15% murieron. Una comparación de la presentación clínica frente a otros enfermedades similares emergentes; entre otros datos clínicos en los casos estudiados por el momento, cabe destacar que los síntomas de las vías respiratorias superiores son muy infrecuentes, por ejemplo, ningún caso presentaba dolor de garganta.»

Durante varias semanas había sido declarada aquella emergencia de máximo nivel, L3. Los médicos se habían reunido y discutido durante horas, durante días y semanas, pero nada pudieron concluir de forma certera para atajar semejante expansión del mortífero virus. No parecía haber una solución a la vista.

La doctora Ameyo Adadevoh y el Doctor Marc Lipsitch formaban parte de ese grupo de doctores. De entre aquel equipo de destacaban, sin duda, estos dos por su compromiso y vehemencia; consiguieron alentar al resto del equipo y hasta cierto punto co-liderar aquel grupo. Y así, cuando la coordinadora jefa de la expedición médica, la doctora Nubia Muñoz, concluyó que nada se podía hacer, ellos continuaron hasta que las evidencias les hicieron casi perder la esperanza. Casi. Fue entonces cuando un médico local se acercó a ellos, pasaron algunas tardes que se hicieron noches. Al cabo de la tercera el médico local les explicó que había una posibilidad de terminar con aquel virus, pero que debería ser discutida en privado. Seguir leyendo →

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Un escritor que nos regalaba novelas de amor

El cielo era una inflada panza de burro colgando amenazante a escasos palmos de las cabezas. El viento tibio y pegajoso barría algunas hojas sueltas y sacudía con violencia los bananos raquíticos que adornaban el frontis de la alcaldía.

Los pocos habitantes de El Idilio más un puñado de aventureros llegados de las cercanías se congregaban en el muelle, esperando turno para sentarse en el sillón portátil del doctor Rubicundo Loachamín, el dentista, que mitigaba los dolores de sus pacientes mediante una curiosa suerte de anestesia oral. Seguir leyendo →

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